Yo, mi, me, conmigo…

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Uno de los signos de madurez y desarrollo personal es aprender a gestionar la soledad, la propia y la de los otros. En España cada vez viven más personas solas. Según la Encuesta Continua de Hogares de 2013 que elabora el Instituto Nacional de Estadística, en España 4.412.000 de personas viven solas, lo que supone que el 24,2 % de los hogares españoles están compuestos por una sola persona. Y esta tendencia va en crescendo.

Quien más y quien menos, sabe que es la soledad. Por muy buenas relaciones que uno tenga es frecuente experimentar, para bien o para mal, unos espacios interiores de soledad. A veces, esta nos sorprende de forma inesperada, otras veces la vemos venir, y lo que necesitamos es aprender a reaccionar de forma que evitemos pasar de la soledad a la tristeza, a sentimientos depresivos y finalmente a una visión de la vida con tonos demasiado oscuros.

Gestionar bien la soledad personal es un hábito que facilita el bienestar interior

El sentimiento de soledad está relacionado con la forma en que hemos sido cuidados, acompañados y amados. También tiene que ver con qué tanto nos sentimos alguien significativo para los demás.

Si nos percibimos como alguien realmente importante, valioso y protegido por nuestros padres, es más fácil que vivamos los episodios de soledad con mesura, sin darles un sentido trágico y que confiemos en que es algo temporal y que, como todo, también pasará,  y volveremos a encontrar la conexión y el sentimiento de pertenencia con otros. En tiempos de crisis como el actual, la soledad aumenta mucho más de lo que a primera vista puede parecer.

Si. He venido solo 

Las investigaciones prueban que el ocio a solas puede ser igual de entretenido o más, que cuando lo disfrutamos en compañía. Los estudios demuestran que es mejor hacer planes solos que quedarse en casa por no tener con quién hacerlos.

Hoy en día nos sigue costando ir a comer solos, al cine, a un concierto o de viaje sin más compañía que uno mismo. Relacionamos el ocio con la compañía, y olvidamos que tener ocio a solas también tiene sus beneficios.

Recientes estudios, de la Universidad de Maryland, explican que el rechazo a divertirnos solos, proviene del miedo al ser observados y juzgados por los demás, como si estuviéramos solos porque no tenemos a nadie. Sin embargo ese miedo se diluye cuando tenemos una justificación o una razón para estar allí, convirtiendo la activad de ocio en algo “obligatorio”. Por ejemplo, no es lo mismo salir a comer solo el sábado, que comer solo al lado del trabajo un martes.

Tenemos miedo a que los demás nos etiqueten negativamente. La creencia limitante de “ si está solo por algo será”, está muy extendida y no nos paramos a pensar que puede estar solo por elección y no por obligación. Hemos aprendido a ver la soledad como algo negativo en lugar de entenderla como un espacio positivo.

Para disfrutar de la soledad hay que aprender a estar solo. A parar. A escucharse. A pensar en nosotros. De esta manera uno empieza a conectar consigo mismo y empieza a cogerle el gusto a estar solo y a disfrutar de su propia compañía.

Se acercan las vacaciones y con ellas algunos quebraderos de cabeza para quienes no tienen “plan”. Tal vez sea el momento de hacer tu primer viaje sol@ y comprobar si lo disfrutas.

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