¿Por qué me siento así cuando no consigo lo que quiero?

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Me siento triste, todo me pone de mal humor, nadie me puede hablar porque contesto mal, me enfado por todo, quiero estar solo, romper todo. Siento ganas de llorar o dormir hasta que todo pase. Así me siento cuando no consigo lo que quiero o cuando algo me sale mal, no como yo quería.

En algún momento de nuestra vida todos nos hemos propuesto alcanzar un objetivo. En ocasiones son objetivos pequeños (que me llame tal persona y me invite a salir, conquistar a la persona que nos gusta, conseguir un reconocimiento, etc.) y otras veces son objetivos más ambiciosos (aprobar una oposición, ser padres, ganar una competición, un ascenso, etc.).

¿Qué pasa cuando, a pesar de darle a ese tema toda nuestra dedicación y prioridad, no lo conseguimos?

No ha podido ser. Hemos perdido. Esta sensación de fracaso o incluso de ansiedad es, para algunas personas un simple bache, y para otras, una tremenda derrota. Si lo que tú sientes es una tremenda derrota, que consigue que te inunde la ira o la tristeza, sigue leyendo para mejorar tu tolerancia a la frustración.

Intolerancia a la Frustración

Definición de frustración: Del latín frustratio, la frustración es la acción y efecto de frustrar (dejar sin efecto o malograr un intento). Se trata de un sentimiento desagradable que se produce cuando las expectativas de una persona no se ven satisfechas al no poder conseguir lo pretendido.

La sensación de frustración al no conseguir lo que quieres es desagradable, pero si otros la soportan, tu también puedes. Justo es este el pensamiento, del que te tienes que ayudar para cambiar tu actitud y tu diálogo interno para comprobar por ti mismo que estos “fracasos” pueden fortalecerte al cambiar aquellos aspectos (actitudes y/o comportamientos) que han fallado.

Reconocer que el mundo no gira en torno a lo que deseas, y por lo tanto, no vas a conseguir todo lo que quieras te ayudará a gestionar tu frustración. Aprender que las recompensas a largo plazo suelen ser más gratificantes que las recompensas a corto, es un primer paso importante. Moderar el deseo de inmediatez y descubrir que muchas veces te conformas con menos, justamente por esa impaciencia es un buen punto de partida para iniciar el cambio de actitud.

Ideas para Gestionar la Frustración

“Mi frase”

Busca en tus experiencias vividas una frase que te haya ayudado a positivizar situaciones negativas, escríbela en un papel y tenla a mano para repetírtela en los momentos de crisis. Este ejercicio te ayudará a sustituir pensamientos negativos que te llevan a acciones violentas, destructivas y disfuncionales, por otros pensamientos más útiles para afrontar la situación. Repitiéndote “tu frase” focalizarás la atención en la solución y no en tu malestar.

“Date tiempo”

Consiste en posponer el análisis o la reflexión del conflicto hasta que se haya producido un enfriamiento emocional. Se trata de hacer una parada a tiempo, una pausa; no de una huida. Una vez que la emoción haya perdido intensidad, tu capacidad para analizar la situación será más constructiva.

Para finalizar, te invito a que dediques unos minutos a distinguir tus necesidades de tus deseos. Las necesidades es conveniente satisfacerlas inmediatamente; los deseos, sin embargo, pueden esperar.

Muchas veces, el dolor o el sentimiento de fracaso tiene mucho de imaginario…es interesante aprender a relativizar los fracasos y los éxitos, y entender que nuestra realidad se construye mucho más lentamente de lo que nos gustaría.

¿Te crees todo lo que piensas?

 

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No te creas todo lo que piensas.

A veces somos capaces de hacer con nuestros pensamientos una gran y demoledora madeja de lana autodestructiva.

Cada uno percibe la vida de una manera distinta. La realidad no nos llega a todos por igual, puesto que cada quien la percibe, la interpreta y codifica según sus esquemas, creencias y valores. Este ejercicio de necesitar explicarnos lo que vivimos, lo que nos pasa, es constante; tanto, que no siempre nos damos cuenta de lo que estamos pensando. Es entonces cuando hablamos de pensamientos automáticos.

Cuando algo nos molesta, nos hace daño o nos sorprende, sentimos enfado, tristeza o sorpresa. Es decir, lo primero que identificamos es la emoción. Nos sentimos mal y no sabemos por qué; pero detrás de ese sentimiento hay un pensamiento negativo que se ha desencadenado automáticamente y del que a veces no nos percatamos.

Los pensamientos negativos automáticos pueden ser breves y tener este formato:

-Reconstrucción de un suceso pasado (rebobinar)

-Creación ficticia (y si hubiera hecho o dicho)

-Adivinación en negativo (anticipar el futuro)

-Exigencia culpabilizadora (habría que…, tendría que…)

Los damos por válidos sin cuestionarlos. Y no es así. Un trabajo continuado para traerlos al plano de la consciencia puede ayudarnos a analizarlos desde la lógica y comprobar si te llevan a conclusiones exageradas.

Estos pensamientos llevan tanto tiempo contigo y les concedes tanta verosimilitud que se te “cuelan” en tu diálogo interior como una voz en off permanentemente, machacándote sin piedad lentamente.

Así que…ya sabes, no te creas todo lo que piensas y aprende a cuestionarte tus propios pensamientos.

 

¿Eres una persona evitativa?

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Desear tener relaciones sociales con normalidad, y no poder por temor a defraudar y a las críticas, por mínimas que sean, puede ser un síntoma del trastorno de personalidad por evitación.

El término de “trastorno de personalidad por evitación” es original del DSM-III. Antes de la aparición del DSM-I, se utilizaba el termino de “complejo de inferioridad” de Alfred Adler.

El trastorno de personalidad por evitación se caracteriza por un patrón general de inhibición social, sentimientos de inferioridad y una hipersensibilidad a la evaluación negativa. Este trastorno, parece darse por igual en varones y en mujeres.

La personalidad evitativa, puede no llegar a ser patológica pero puede estar asociada a elevados niveles de ansiedad.

Este tipo de problemas se desarrollan cuando, desde la infancia, hemos tenido a nuestro lado una persona importante en nuestra vida, haciéndonos sentir inútiles y estúpidos (muchas veces sin querer). Es el caldo de cultivo perfecto para formar una personalidad adulta insegura y temerosa. Si desde pequeños, alguien de nuestra entera confianza, nos hace creer que siempre nos equivocamos, todo lo hacemos mal o que las personas que nos encontraremos a lo largo de nuestra vida se darán cuenta de lo torpe que somos y nos abandonarán, la inseguridad se convertirá en nuestra fiel compañera. Lo que provocará que nos aislemos para evitar el miedo al rechazo, por mucho que deseemos el contacto con los demás, el terror a decepcionarlos será mayor. No es necesario padecer el trastorno de personalidad por evitación para desarrollar características relacionadas con éste.

¿Que actitudes desarrolla quién padece este trastorno?

  • Autocrítica feroz, tiene pensamientos autodenigrantes. Hace predicciones negativas tipo “no voy a gustar a nadie”, “me criticarán”… poseen una autoestima muy baja.
  • Cuando establecen una relación cercana con alguien no son asertivos y evitan la confrontación para no desagradar.
  • Evalúan incorrectamente las reacciones de los demás, están pendientes de cualquier gesto o palabra que se diga sobre ellos, su opinión sobre sí mismo la basan en las opiniones de los demás. Cuando las críticas son negativas creen merecérselas siempre, cuando son positivas no siempre las creen, y si son neutras las transforman en malas.
  • Evitación social y de cualquier pensamiento o actividad que les pueda producir incomodidad. Lo hacen de manera automática, convirtiendo así, la evitación, en un hábito que reduce el malestar a corto plazo. No son conscientes de estar evitando la ansiedad y se consideran perezosos o tontos por no enfrentarse a dichas situaciones.
  • Se sienten culpables por tener ansiedad. Generalmente saben que tienen que hacer para mejorar sus vidas, pero se ponen excusas para no llevar a cabo esas mejoras, ya que le parece que las emociones negativas que sentirán es un precio demasiado alto. Se creen incapaces de conseguir sus objetivos y tienden a la procrastinación. Se sienten incómodos consigo mismos.
  • Fantasean sobre su futuro, creen que un día todo cambiará sin tener que hacer el más mínimo esfuerzo ni sufrir.
  • Dificultad para tener relaciones íntimas, románticas y sexuales.

¿Qué terapia es efectiva para las personas con trastorno de la personalidad por evitación?

Es muy importante, durante la terapia, cambiar la idea de que son unos vagos o perezosos, y que comprendan que el hecho de que eviten hacer ciertas cosas o enfrentarse a diversas situaciones, se debe al malestar emocional que les produce tan si quiera pensarlo, y por ello lo posponen. Ayudarle a descubrir cómo funciona el circuito de la ansiedad y hacerles entender que, poco a poco, será necesario exponerse a lo temido, tener el compromiso de sentir la ansiedad que les producirá y aplicar las técnicas necesarias para conseguir gestionar ese malestar.

El enfrentamiento cara a cara con aquello que les ha estado acobardando durante gran parte de su vida será una gran victoria para ellos. 

¿Qué pasa cuando la comida es un refugio?

Eating Addiction

Cada vez hay más evidencias de la estrecha relación que existe entre el sobrepeso, ciertos factores psicológicos, las emociones, la motivación o incluso el comportamiento adictivo.

El factor emocional parece explicar la mayor parte de los fracasos a largo plazo en los programas de perdida de peso.

Comemos para mucho más que para cubrir nuestras necesidades fisiológicas. Comemos para olvidar, para celebrar, para compartir, para mitigar o eliminar emociones desagradables y/o para recompensarnos. Comiendo disfrazamos nuestro problema real.

El primer placer que tenemos en la vida es comer. A los pocos minutos de nacer, nos enganchan al pecho de muestra madre, sintiendo inmediatamente calor y protección. Desde ese momento y para toda la vida, la alimentación representará una sensación de bienestar. Esto nos ayuda a entender por qué cuando estamos tristes, ansiosos o enfadados, lo primero que hacemos es buscar algo rico que llevarnos a la boca, buscamos el “alimento confort”; pues tenemos el recuerdo inconsciente de la infancia, cuando la comida estaba íntimamente asociada al amor, a la sensación de estar bien cuidados, de sentirnos queridos. Por eso cuando nos sentimos heridos, vulnerables o inferiores…comemos…creyendo erróneamente poder recuperar esa sensación de protección total. La cuestión es que este mecanismo ya no funciona en la edad adulta: COMER no nos protege porque ahora nuestras necesidades son más complejas.

¿Por qué no funcionan las dietas?

La mayoría de las dietas no funcionan porque la acción de comer sin control y el peso, son los síntomas, y no el problema.

El hecho de centrarse en la comida es una forma de no prestar atención a los verdaderas razones que provocan el impulso irrefrenable de comer. Estas razones son mucho más complejas que la falta de fuerza de voluntad o la disciplina para cumplir con una dieta de adelgazamiento. Los motivos por lo que a veces comemos tienen que ver con la falta de cuidado, de confianza, de amor que sentimos. Tienen que ver con los abusos sufridos, la cólera no expresada, el dolor, la soledad y el hecho de sentirse o haberse sentido poco querido. Algunas de las personas que personas se refugian en la comida es porque se sienten agredidos y la solución para superarlo no es una dieta; si no una terapia psicológica.

Ayuda y tratamiento

Un terapeuta puede ayudarte a dejar de recurrir a los alimentos siempre que aparece un cambio, una dificultad o una emoción desagradable.

¿Quieres aprender a tener una mejor relación con los alimentos?

 

 

 

TRES MENTES EN UNA

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¿Sabías que dentro de tu mente se graba lo que has visto, oído, hecho y sentido a lo largo de toda tu vida?
Esa información entra en tu consciente y a medida que va pasando el tiempo va pasando del consciente, al  subconsciente y al final acaba en tu inconsciente.

Existen tres niveles de la mente:

La Mente Consciente: Es aquella parte de la mente que se encarga de percibir la realidad de la que nos damos cuenta y que podemos describir sin esfuerzo. Es la mente lógica, racional y proactiva. Es decir la que nos lleva a solucionar problemas, a tomar decisiones, a resolver conflictos de tipo lógico. Es la que nos hace “creer” que tenemos el control.

La Mente Subconsciente : Conoce las cosas que has sabido y que temporalmente has olvidado ya en tu consciente. Con un poco de esfuerzo puedes volver a recordar y traerlas al campo de lo consciente. Es la mente que guía al corazón; es decir la mente emocional, afectiva y sentimental. Al ser ilimitada tiene acceso a todas nuestras memorias y experiencias pasadas. El objetivo de esta mente es controlar todo aquello que no entendemos. En nuestro comportamiento existen “patrones” que desconocemos o que incomprendemos. Puede que a veces actuemos de forma que no hubiésemos imaginado nunca, incluso, puede que en ocasiones ni nosotros mismos nos entendamos…esto se debe a que nuestra mente subconsciente está actuando por nosotros mismos tomando el control de la mente consciente. Un ejemplo muy claro de cómo actúa esta mente, es en las compras compulsivas. Esta mente nos dice que aquello que nos están vendiendo lo necesitamos, incluso cuando no lo necesitamos; incluso cuando conscientemente y racionalmente podemos decir que es algo que no necesitamos y que no es algo que debamos comprar.

La Mente Inconsciente : Es la sección mental más grande (6/7 partes de la mente) y oculta de la mente donde reposan innumerables experiencias que hemos vivido desde la niñez y que son casi imposibles de recordar. Están presentes en forma de impulsos, impresiones, pensamientos incontrolados y recuerdos reprimidos: activos e impulsivos. Es el nivel más profundo de la mente. Los científicos lo han denominado cerebro reptiliano. Es una mente que busca básicamente dos cosas: alejarse del peligro y acercarnos la placer. Busca protegernos de un “peligro aparente” que pueda atentar contra nuestra vida o nuestra integridad.

Algunos científicos no diferencias entre mente subconsciente y mente inconsciente, para ellos es lo mismo, salvo que con diferente nivel de profundidad.

La mente subconsciente es muy simbólica y metafórica. Los síntomas o manifestaciones externas como enfermedades, adicciones, conductas destructivas o de cualquier otro tipo se ven como metáforas simbólicas de la experiencia interna de una persona y se presentan como soluciones inconscientes a los conflictos internos. Por ejemplo, a veces decimos que queremos lograr algo, y estamos haciendo todo lo contrario, perdemos la motivación, y no nos levantamos día a día con ganas de hacer eso que tanto queremos. Cuando esto sucede, cuando una persona le gustaría hacer una cosa y por una razón u otra nunca puede hacerla ya que no puede dejar de hacer otra, indicaría que hay un conflicto entre la mente consciente y una parte de la mente subconsciente. Es decir, en lo más profundo de mi mente inconsciente, eso que queremos lograr nos produce cierto dolor, o cierto peligro “aparente” o al menos es así como lo percibe nuestra mente inconsciente y para evitar que se de ese peligro en el FUTURO, evitamos actuar en el PRESENTE.

Este conflicto nos crea ansiedad que cada vez se intensifica hasta que la mente subconsciente emplea una solución como mecanismos de defensa para que tú puedas seguir con normalidad pero en verdad el conflicto no está resuelto, sino que está enmascarado.

Una forma de llevar la cuenta de aquellas cosas subconscientes que nos mantienen estancados, es llevar un diario de todo lo que hacemos y pensamos con respecto a un tema concreto. Eso hará que tomemos consciencia, es decir, que podamos hacer consciente aquello que para nosotros en algunos momentos se vuelve inconsciente o subconsciente y así poderlo arreglar, ya que seguramente existirá una incoherencia o un conflicto interno.

¡Lograr el control de nuestras tres mentes nos permite llegar mucho más lejos!

Mi ansiedad:mi monstruo

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La ansiedad es un monstruo que se alimenta de nuestra adrenalina.
En realidad, la ansiedad es un monstruo que vive y se alimenta de adrenalina. Cuando algo nos avisa de que hay un peligro, como cuando bajamos por una escalera mucho más empinada de lo que esperábamos, realizamos una descarga automática de adrenalina y el monstruo de la adrenalina que estaba dormido se despierta y hace que de forma automática nos agarremos a la barandilla y así nos ayuda a no caernos. Nos damos cuenta de que tenemos el monstruo dentro y que se ha quedado, porque mientras digerimos la adrenalina todavía le queda alimento para vivir y seguimos sintiendo ansiedad.

El cuerpo recupera su nivel normal de adrenalina y el monstruo hiberna cuando pasa un tiempo sin que veamos un nuevo peligro.

¿Pero qué pasa cuando es el propio monstruo el que nos da miedo?
Cuando es el propio monstruo el que nos da miedo y luchamos para echarlo del cuerpo, para que desaparezca de inmediato, la lucha nos lleva a hacer otra descarga de adrenalina. El monstruo, encantado porque tiene más alimento, crece y se hace más amenazador, nos dice cosas terribles como eres un inútil, no haces más que ir de fracaso en fracaso, mírate, eres incapaz de conseguir que alguien te quiera, y toda una interminable lista de improperios dañinos… El truco está en aceptar al monstruo en nuestro cuerpo y no hacer nada para que se vaya, la clave está en no luchar, entonces dejaremos de darle alimento y el monstruo hibernará de nuevo.

¿Son mis sensaciones fiables?
Si toco el ordenador en el que estoy escribiendo, lo siento y tengo el total convencimiento de que existe y es real. Nuestras sensaciones son el criterio más fiable que tenemos de la realidad. Podemos extrapolar el criterio a nuestras sensaciones internas. Si tengo una sensación de que me voy a morir o voy a perder el control o me voy a volver loco o…, puedo llegar a la misma conclusión: es real y totalmente cierto que va a ocurrir porque lo siento. Si, además, me comporto como si fuera totalmente real, puedo generarme un problema importante.

Había un leñador que vivía con su mujer. Un día frío de invierno se levantó y le comentó a su esposa que había pensado que estaba muriéndose, que sentía que ese día iba a morir y que no podía saber si era verdad o no. La mujer le contestó: “¿Tienes las manos calientes? ¿Y la cabeza también? Déjate, pues, de rollos y vete a trabajar”. El leñador salió a su trabajo y, según iba llegando se dio cuenta de que sus manos estaban frías. “Estoy muriéndome”, pensó y sintió. “Entonces no puedo trabajar”. Se sentó a esperar y notó que su cabeza también estaba fría. Según pasaba el tiempo se sentía más frío y sentía más cerca su muerte. “Es cierto que me estoy muriendo y siento que no tengo ganas de hacer nada” y con el frío, cada vez tenía menos ganas de moverse, por eso se quedó muy quieto sentado.
Al cabo de un rato aparecieron unos lobos que se acercaron a él. El leñador pensaba: “como estoy casi muerto, no puedo hacer nada” y se quedó quieto. Los lobos finalmente le atacaron y, efectivamente, murió.

El problema no es tener la sensación de que vamos a morirnos, sino comportarnos como si fuera totalmente cierto porque, como el leñador del cuento, acabaremos lográndolo.
Como consecuencia de la metáfora del monstruo de la adrenalina podemos concluir que en nuestro cuerpo tenemos dos mandos de control. En el mando 1 pone “Control de nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones”; en el mando 2, “Compromiso con nuestros valores y objetivos”. Si manejamos el mando 1, lo único que conseguimos es aumentar nuestro sufrimiento. Cuando manejamos el mando 2, podemos alcanzar nuestros objetivos y además puede disminuir nuestro dolor.