¿Te crees todo lo que piensas?

 

cerebro

No te creas todo lo que piensas.

A veces somos capaces de hacer con nuestros pensamientos una gran y demoledora madeja de lana autodestructiva.

Cada uno percibe la vida de una manera distinta. La realidad no nos llega a todos por igual, puesto que cada quien la percibe, la interpreta y codifica según sus esquemas, creencias y valores. Este ejercicio de necesitar explicarnos lo que vivimos, lo que nos pasa, es constante; tanto, que no siempre nos damos cuenta de lo que estamos pensando. Es entonces cuando hablamos de pensamientos automáticos.

Cuando algo nos molesta, nos hace daño o nos sorprende, sentimos enfado, tristeza o sorpresa. Es decir, lo primero que identificamos es la emoción. Nos sentimos mal y no sabemos por qué; pero detrás de ese sentimiento hay un pensamiento negativo que se ha desencadenado automáticamente y del que a veces no nos percatamos.

Los pensamientos negativos automáticos pueden ser breves y tener este formato:

-Reconstrucción de un suceso pasado (rebobinar)

-Creación ficticia (y si hubiera hecho o dicho)

-Adivinación en negativo (anticipar el futuro)

-Exigencia culpabilizadora (habría que…, tendría que…)

Los damos por válidos sin cuestionarlos. Y no es así. Un trabajo continuado para traerlos al plano de la consciencia puede ayudarnos a analizarlos desde la lógica y comprobar si te llevan a conclusiones exageradas.

Estos pensamientos llevan tanto tiempo contigo y les concedes tanta verosimilitud que se te “cuelan” en tu diálogo interior como una voz en off permanentemente, machacándote sin piedad lentamente.

Así que…ya sabes, no te creas todo lo que piensas y aprende a cuestionarte tus propios pensamientos.

 

Los 3 errores que cometes al ser empático 

La empatía es uno de los ingredientes importantes de la inteligencia emocional. Este tipo de inteligencia no solemos medirla pero sabemos que las personas con más inteligencia emocional son las que tendrán más exito en su vida laboral, en sus relaciones personales y en su grado de bienestar y felicidad así que vale la pena potenciarla.
Empatía: las 4 preguntas que debes hacer

Si te hablo de empatía seguro que piensas en ponerte en el lugar del otro y este otro puede ser tu pareja, tus hijos, tu jefe, tus compañeros de trabajo, vecinos…pero es un concepto un poco más amplio porque incluye:

* Comprender tanto las limitaciones como los puntos fuertes del otro

* Conocer lo que le motiva y lo que le desagrada

* Captar e interpretar su comunicación no verbal y su tono emocional

* Saber cómo despertarle actitudes positivas

* Escucharle y saber transmitirle que estamos escuchando.

Casi nada ¿verdad?…y es que no se trata de ser empáticos solamente cuando los demás lo están pasando mal sino también cuando están contentos y felices, cuando tienen miedo, cuando están enfadados, etc. 

Lo que suele fallar cuando intentas poner en marcha la empatía

Te voy a contar lo que suelo observar que falla cuando intentas poner en marcha la empatía y no lo consigues:

* Estás pensando en lo que harías tú en la misma situación y en lugar de escuchar para entender, empiezas a hablar de ti o de algo parecido que te pasó.

* Crees que lo que te están contado se tiene que solucionar así que empiezas a dar ideas sobre cómo resolver la situación.

* Estás escuchando y te sientes atacadx por cómo se siente la persona que tienes delante así que empiezas a justificarte, a defenderte y si te afecta mucho puedes incluso llegar a atacar.

Ten en cuenta que la medida de tu empatía no está en lo que tú crees que haces, sino en lo que siente la persona con la que estás hablando; así que anímate a preguntar  ¿crees que te estoy entendiendo?

El mapa de empatía con las 4 preguntas clave

Este mapa que te muestro fue diseñado por Xplane y me parece perfectamente útil como fuente de inspiración para mejorar tu empatía con las personas que más te importan. Fíjate en las 4 preguntas clave: ¿qué piensa y siente?, ¿qué oye?, ¿qué ve? y ¿qué dice o hace?. Y fíjate también en algunas respuestas que pueden servir:

* ¿Qué piensa y siente?: “quiero estar bien”, “esto me da miedo”, “no me gusta que me trates así”…

* ¿Qué ve?: “los demás no se lo toman como yo”, “creo que no me entiendes”, “no me estás ni mirando”

* ¿Qué oye?: “no me estás escuchando”, “me gusta cuando me hablas con afecto”, “me ayuda que me llames para saber cómo estoy”

* ¿Qué dice y qué hace?: “se sienta en un rincón sin ganas de hablar”, “tiene los ojos llorosos”, “sonríe sin parar

Además hay dos factores extra que encuentras en la parte de abajo del esquema que también te pueden servir:

* Esfuerzos; que incluye sus miedos, sus frustraciones y los obstáculos que se puede estar encontrando.

* Resultados; que incluye sus desos y necesidades y cómo va a valorar si están o no cubiertos.

Si realmente te preocupa entender a la persona que tienes delante, el esfuerzo vale la pena pero ya ves que te puede llevar tiempo. De todas formas, además de hacerte estas preguntas lo ideal es que abras bien tus orejas y que le hagas todas las preguntas a la persona a la que intentas entender. ¿Estás dispuesto a intentarlo? ¡adelante! 

¿Quieres cambiar? ¿Quieres?

HOYSi es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás.

Identificar y reconocer que hábitos me están perjudicando es esencial para empezar a cambiar. La mejor manera de darte cuenta de qué hábitos son los que quieres cambiar, es escribiéndolos en un papel, es la mejor forma de que no los olvides, y de paso, se lo ponemos más difícil a nuestro inconsciente (ya hemos hablado de las “malas pasadas” que nos juega nuestro amigo); además, tenerlos escritos, nos servirá para visualizar mejor los cambios fuera de nuestra cabeza.

Mis malos hábitos

Tómate unos días, yo te recomiendo una semana,  para ir escribiendo aquellos comportamientos y/o actitudes que tú consideres que quieres cambiar. Es mucho más efectivo sustituir un comportamiento que eliminar un comportamiento. Es decir, el cerebro está más preparado para la sustitución que para la eliminación. Así que lo que haremos será una lista con los “malos hábitos” y los sustituiremos por “buenos hábitos”.

Coge tu lista de malos hábitos terminada, y vamos a transformar los comportamientos que hemos decidido que no nos gustan en frases en forma de propósito. Escribiremos lo que queremos lograr en tiempo presente. De esta manera tomaremos acción en presente. Mañana es futuro y el futuro es incierto; sin embargo, hoy es presente, y tenemos el control total para actuar. A continuación os dejo un ejemplo del comportamiento que quiero cambiar. En primer lugar coloco el mal hábito, a continuación mi meta.

                    Bebo mucha cerveza y poco agua — Hoy me voy a beber 2 litros de agua

Sigue el ejemplo y transforma tu “ Lista de Malos Hábitos” en tu “ Lista de Metas”.

Mis metas

Puede que nos encontremos con una lista de metas interminable. No seamos ambiciosos, ni impacientes. Vayamos paso a paso. Vamos a dividir nuestra lista en listas más pequeñas. Podemos hacerlo por temática (salud, alimentación, deporte, idiomas, etc.), como resultado tendremos dos o tres listas e iremos introduciendo los cambios de una en una, primero trabajaremos con la primera, cuando estas metas estén alcanzadas, iremos a por la segunda lista. Cuando nuestras metas son específicas es más fácil lograr el objetivo. Por eso yo marqué en mi propósito la cantidad especifica de agua que beberé (2 litros) en lugar de limitarme a escribir “beberé MÁS agua”. Revisaremos pues, nuestra lista de hábitos para asegurarnos de que estamos cumpliendo bien los pasos:

  1. Escribe los comportamientos que quieres cambiar
  2. Transfórmalos en propósitos, en metas
  3. Divide la lista en listas más pequeñas
  4. Se lo más especifico que puedas con la acción a llevar a cabo (lugar, hora, etc.)

Mi Plan de Acción

De poco sirve tener una lista de metas, si no diseño la manera de llevarla a cabo. Necesitamos un plan de acción. Por ejemplo.

  • Meta: beber 2 litros de agua al día
  • Plan de Acción: tener una botella en mi escritorio de trabajo
  • Meta: cenar 3 veces por semana pescado
  • Plan de Acción: hacer la compra el fin de semana y planificar el menú

Y para que nuestro Inconsciente no nos juegue malas pasadas, enredando para que se nos “olviden” nuestras metas; es aconsejable crear Recordatorios. Podemos hacerlo añadiendo alertas en el móvil, colocando Post- It en el espejo del baño, en la puerta de la nevera…como queramos… lo importante es que nos funcione el recordatorio ¡es increíble como nuestra mente a veces nos boicotea!

Para incorporar un hábito a nuestra vida es necesario repetir el comportamiento hasta que se vuelve automático. Y para eso se requiere constancia, y para saber si somos constantes y no autoengañarnos, lo mejor es llevar un registro.

¿Cómo registrarlo?

Coge una hoja de papel y pon tus metas en columnas y los días del mes en filas. Colócala en un lugar visible y accesible porque cada día anotaremos si cumplimos o no las metas. Si cumplimos pondremos un Visto en la celda correspondiente; y si no cumplimos, pondremos una Cruz. Cuando no cumplamos es importante incluir el motivo que te impidió cumplir la meta ese día. Al final del mes tendrás una “fotografía” del avance que has logrado a diario.

¡Celebra tus avances!

Cuando logres realizar correctamente tu acción diaria, dedícate inmediatamente después, un aplauso, una sonrisa o unas bonitas palabras a ti mismo. Esto aumenta la confianza en nosotros mismos y mantiene la motivación para seguir siendo constante.

                                           ¿Ya sabes qué hábitos vas a cambiar hoy?

 

TRES MENTES EN UNA

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¿Sabías que dentro de tu mente se graba lo que has visto, oído, hecho y sentido a lo largo de toda tu vida?
Esa información entra en tu consciente y a medida que va pasando el tiempo va pasando del consciente, al  subconsciente y al final acaba en tu inconsciente.

Existen tres niveles de la mente:

La Mente Consciente: Es aquella parte de la mente que se encarga de percibir la realidad de la que nos damos cuenta y que podemos describir sin esfuerzo. Es la mente lógica, racional y proactiva. Es decir la que nos lleva a solucionar problemas, a tomar decisiones, a resolver conflictos de tipo lógico. Es la que nos hace “creer” que tenemos el control.

La Mente Subconsciente : Conoce las cosas que has sabido y que temporalmente has olvidado ya en tu consciente. Con un poco de esfuerzo puedes volver a recordar y traerlas al campo de lo consciente. Es la mente que guía al corazón; es decir la mente emocional, afectiva y sentimental. Al ser ilimitada tiene acceso a todas nuestras memorias y experiencias pasadas. El objetivo de esta mente es controlar todo aquello que no entendemos. En nuestro comportamiento existen “patrones” que desconocemos o que incomprendemos. Puede que a veces actuemos de forma que no hubiésemos imaginado nunca, incluso, puede que en ocasiones ni nosotros mismos nos entendamos…esto se debe a que nuestra mente subconsciente está actuando por nosotros mismos tomando el control de la mente consciente. Un ejemplo muy claro de cómo actúa esta mente, es en las compras compulsivas. Esta mente nos dice que aquello que nos están vendiendo lo necesitamos, incluso cuando no lo necesitamos; incluso cuando conscientemente y racionalmente podemos decir que es algo que no necesitamos y que no es algo que debamos comprar.

La Mente Inconsciente : Es la sección mental más grande (6/7 partes de la mente) y oculta de la mente donde reposan innumerables experiencias que hemos vivido desde la niñez y que son casi imposibles de recordar. Están presentes en forma de impulsos, impresiones, pensamientos incontrolados y recuerdos reprimidos: activos e impulsivos. Es el nivel más profundo de la mente. Los científicos lo han denominado cerebro reptiliano. Es una mente que busca básicamente dos cosas: alejarse del peligro y acercarnos la placer. Busca protegernos de un “peligro aparente” que pueda atentar contra nuestra vida o nuestra integridad.

Algunos científicos no diferencias entre mente subconsciente y mente inconsciente, para ellos es lo mismo, salvo que con diferente nivel de profundidad.

La mente subconsciente es muy simbólica y metafórica. Los síntomas o manifestaciones externas como enfermedades, adicciones, conductas destructivas o de cualquier otro tipo se ven como metáforas simbólicas de la experiencia interna de una persona y se presentan como soluciones inconscientes a los conflictos internos. Por ejemplo, a veces decimos que queremos lograr algo, y estamos haciendo todo lo contrario, perdemos la motivación, y no nos levantamos día a día con ganas de hacer eso que tanto queremos. Cuando esto sucede, cuando una persona le gustaría hacer una cosa y por una razón u otra nunca puede hacerla ya que no puede dejar de hacer otra, indicaría que hay un conflicto entre la mente consciente y una parte de la mente subconsciente. Es decir, en lo más profundo de mi mente inconsciente, eso que queremos lograr nos produce cierto dolor, o cierto peligro “aparente” o al menos es así como lo percibe nuestra mente inconsciente y para evitar que se de ese peligro en el FUTURO, evitamos actuar en el PRESENTE.

Este conflicto nos crea ansiedad que cada vez se intensifica hasta que la mente subconsciente emplea una solución como mecanismos de defensa para que tú puedas seguir con normalidad pero en verdad el conflicto no está resuelto, sino que está enmascarado.

Una forma de llevar la cuenta de aquellas cosas subconscientes que nos mantienen estancados, es llevar un diario de todo lo que hacemos y pensamos con respecto a un tema concreto. Eso hará que tomemos consciencia, es decir, que podamos hacer consciente aquello que para nosotros en algunos momentos se vuelve inconsciente o subconsciente y así poderlo arreglar, ya que seguramente existirá una incoherencia o un conflicto interno.

¡Lograr el control de nuestras tres mentes nos permite llegar mucho más lejos!