¿Por qué me siento así cuando no consigo lo que quiero?

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Me siento triste, todo me pone de mal humor, nadie me puede hablar porque contesto mal, me enfado por todo, quiero estar solo, romper todo. Siento ganas de llorar o dormir hasta que todo pase. Así me siento cuando no consigo lo que quiero o cuando algo me sale mal, no como yo quería.

En algún momento de nuestra vida todos nos hemos propuesto alcanzar un objetivo. En ocasiones son objetivos pequeños (que me llame tal persona y me invite a salir, conquistar a la persona que nos gusta, conseguir un reconocimiento, etc.) y otras veces son objetivos más ambiciosos (aprobar una oposición, ser padres, ganar una competición, un ascenso, etc.).

¿Qué pasa cuando, a pesar de darle a ese tema toda nuestra dedicación y prioridad, no lo conseguimos?

No ha podido ser. Hemos perdido. Esta sensación de fracaso o incluso de ansiedad es, para algunas personas un simple bache, y para otras, una tremenda derrota. Si lo que tú sientes es una tremenda derrota, que consigue que te inunde la ira o la tristeza, sigue leyendo para mejorar tu tolerancia a la frustración.

Intolerancia a la Frustración

Definición de frustración: Del latín frustratio, la frustración es la acción y efecto de frustrar (dejar sin efecto o malograr un intento). Se trata de un sentimiento desagradable que se produce cuando las expectativas de una persona no se ven satisfechas al no poder conseguir lo pretendido.

La sensación de frustración al no conseguir lo que quieres es desagradable, pero si otros la soportan, tu también puedes. Justo es este el pensamiento, del que te tienes que ayudar para cambiar tu actitud y tu diálogo interno para comprobar por ti mismo que estos “fracasos” pueden fortalecerte al cambiar aquellos aspectos (actitudes y/o comportamientos) que han fallado.

Reconocer que el mundo no gira en torno a lo que deseas, y por lo tanto, no vas a conseguir todo lo que quieras te ayudará a gestionar tu frustración. Aprender que las recompensas a largo plazo suelen ser más gratificantes que las recompensas a corto, es un primer paso importante. Moderar el deseo de inmediatez y descubrir que muchas veces te conformas con menos, justamente por esa impaciencia es un buen punto de partida para iniciar el cambio de actitud.

Ideas para Gestionar la Frustración

“Mi frase”

Busca en tus experiencias vividas una frase que te haya ayudado a positivizar situaciones negativas, escríbela en un papel y tenla a mano para repetírtela en los momentos de crisis. Este ejercicio te ayudará a sustituir pensamientos negativos que te llevan a acciones violentas, destructivas y disfuncionales, por otros pensamientos más útiles para afrontar la situación. Repitiéndote “tu frase” focalizarás la atención en la solución y no en tu malestar.

“Date tiempo”

Consiste en posponer el análisis o la reflexión del conflicto hasta que se haya producido un enfriamiento emocional. Se trata de hacer una parada a tiempo, una pausa; no de una huida. Una vez que la emoción haya perdido intensidad, tu capacidad para analizar la situación será más constructiva.

Para finalizar, te invito a que dediques unos minutos a distinguir tus necesidades de tus deseos. Las necesidades es conveniente satisfacerlas inmediatamente; los deseos, sin embargo, pueden esperar.

Muchas veces, el dolor o el sentimiento de fracaso tiene mucho de imaginario…es interesante aprender a relativizar los fracasos y los éxitos, y entender que nuestra realidad se construye mucho más lentamente de lo que nos gustaría.

¿Te crees todo lo que piensas?

 

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No te creas todo lo que piensas.

A veces somos capaces de hacer con nuestros pensamientos una gran y demoledora madeja de lana autodestructiva.

Cada uno percibe la vida de una manera distinta. La realidad no nos llega a todos por igual, puesto que cada quien la percibe, la interpreta y codifica según sus esquemas, creencias y valores. Este ejercicio de necesitar explicarnos lo que vivimos, lo que nos pasa, es constante; tanto, que no siempre nos damos cuenta de lo que estamos pensando. Es entonces cuando hablamos de pensamientos automáticos.

Cuando algo nos molesta, nos hace daño o nos sorprende, sentimos enfado, tristeza o sorpresa. Es decir, lo primero que identificamos es la emoción. Nos sentimos mal y no sabemos por qué; pero detrás de ese sentimiento hay un pensamiento negativo que se ha desencadenado automáticamente y del que a veces no nos percatamos.

Los pensamientos negativos automáticos pueden ser breves y tener este formato:

-Reconstrucción de un suceso pasado (rebobinar)

-Creación ficticia (y si hubiera hecho o dicho)

-Adivinación en negativo (anticipar el futuro)

-Exigencia culpabilizadora (habría que…, tendría que…)

Los damos por válidos sin cuestionarlos. Y no es así. Un trabajo continuado para traerlos al plano de la consciencia puede ayudarnos a analizarlos desde la lógica y comprobar si te llevan a conclusiones exageradas.

Estos pensamientos llevan tanto tiempo contigo y les concedes tanta verosimilitud que se te “cuelan” en tu diálogo interior como una voz en off permanentemente, machacándote sin piedad lentamente.

Así que…ya sabes, no te creas todo lo que piensas y aprende a cuestionarte tus propios pensamientos.

 

¿Qué se esconde detrás de la necesidad de control?

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La necesidad de control es la respuesta a nuestros miedos. A mayor miedo, mayor necesidad de control.

Detrás de la aparente sensación de fortaleza que existe en una persona que siempre tiene el control de todo; subyace una gran debilidad y vulnerabilidad a de dejar que la vida fluya con naturalidad. La verdadera clave de la felicidad consiste en vivir al compás de la vida y no en pretender que suceda lo que uno “cree que es lo mejor”.

La persona que necesita sentir que tiene el control como garantía de felicidad, se convierte en una persona controladora y teme que las situaciones se le escapen de las manos; de ahí que tenga poca capacidad de improvisación y de espontaneidad. Pero además, bajo el rol de tener el control de todo, vive como si los demás dependieran de él. En realidad, cada ser humano es responsable de sí mismo y de sus acciones.

Cuando las personas pretenden controlar lo incontrolable, caen victimas de un proceso antinatural. Existen diferentes formas de control, negativas y dañinas para la autoestima propia y ajena, como son la coacción, la manipulación, el chantaje emocional o la crítica negativa constante.

La persona controladora cree que sabe lo que le conviene a la gente de alrededor, “porque la conocen muy bien”. Por muy bien que conozcamos a las personas, son ellos mismos los dueños de su vida, y son ellos los que toman las decisiones de lo que creen conveniente o no, sobre lo que quieren y les apetece.

¿Qué es lo que más temes en tu vida?

Es lógico sentir miedo, temer a algo o a alguien. Nuestro cerebro está programado para hacer saltar la alarma de miedo ante una amenaza; lo que no es tan lógico, es sentir temor de forma constante.

Cuando sentimos que los problemas que se nos plantean en el día a día, ya sean reales o fruto de nuestro miedo, son más grandes que las herramientas y recursos que tenemos para hacerlos frente, nuestro nivel de sufrimiento aumenta considerablemente. Uno de los mecanismos de defensa que tenemos para que eso no suceda es tratar de controlar el entorno para que no aparezcan los problemas, o para que, si aparecen, sepamos o creamos saber manejarlos y solucionarlos.

Llevar a cabo un trabajo personal para reforzar la autoestima y el autoconcepto, sabiéndonos capaces de hacer frente a las adversidades que se puedan presentar, puede ayudarnos a no tener esa necesidad de controlar constantemente todo y a todos y vivir de un modo más relajado y sosegado

¿Qué pasa si nos falta esa capacidad de gestión ?

Lo que nos va a pasar es que al vernos sobrepasados por los acontecimientos, se va activar la lucecita de alarma en el cerebro y para mitigar el miedo y el sufrimiento que nos provoca la sensación de pérdida de control de la situación, vamos a activar nuestros mecanismos de defensa y haremos todo lo posible por volver a recuperar esa sensación de control. Es un círculo vicioso. Sólo me encuentro bien cuando “creo tener el control”.

Algunas personas no están preparadas para vivir con cierto nivel de incertidumbre.

¿Acaso crees qué puedes controlar todo tu entorno? ¿a las personas? ¿a sus pensamientos? ¿el futuro? ¿el amor?  ¿el trabajo? ¿a tus hijos?

Piensa por un instante en aquello a lo que más temes…

Quizás lo que más temes sea que te abandonen, al sufrimiento, a la enfermedad, a la muerte, a la vejez, a la pobreza, a la soledad…posiblemente temas a más de una cosa. Anótalas y hazte esta pregunta: ¿Ejerzo más control sobre aquello que más temo? ¿me preocupo y controlo más a aquellas cosas que más temo perder?

Si con la reflexión anterior no tienes suficiente, quizás te ayude responder a estas preguntas:

  • ¿Eres consciente de que controlas?
  • ¿Anticipas con frecuencia lo que puede suceder?
  • ¿Acostumbras a decir lo que se tiene que hacer?
  • ¿Te disgusta hacer lo que proponen los otros?
  • ¿Te enfadas a menudo, cuando las personas no hacen lo que tú crees que deben hacer?

Detrás de cada conducta orientada a controlar existen creencias y valores que las sostienen, por tanto, no es sólo importante darse cuenta de cómo controlas y sobre qué controlas, sino que deberías interesarte acerca de las creencias consolidadas a lo largo de tu vida y que se relacionan con la necesidad de controlar.

 

 

¿Crees que le das demasiadas vueltas a las cosas? 

¿Entras en bucle con facilidad?…Si es así; no eres el único, ni la única. Cada vez es más creciente el número de personas que piensan demasiado, impidiendose a sí mismas el desarrollo de una vida satisfactoria.

UN PENSAMIENTO EXCESIVO AGOTA A CUALQUIERA 

Pensar está muy bien. Vivir una vida racional y positiva es una de las mejores cosas que nos puede ocurrir. Tener un pensamiento positivo te conduce a tener una emoción positiva. Sin embargo, a veces, nuestra mente se queda dándole vueltas a nuestros pensamientos inútilmente produciendo sentimientos negativos y se cae en un “bucle” que no conduce a ningún sitio “sano”.

Todo comienza con una pequeña idea o problema, que pasa a generar más y más preguntas, nuevas relaciones de ideas, todas con el mismo denominador común, problemático y lleno de temores, que generan otros pensamientos negativos que se expanden, crecen y acaban por apoderarse de TODO el espacio de nuestras MENTES. El resultado es agotador. Lejos de encontrar respuestas o soluciones válidas, acabamos en un callejón sin salida, presos y presas de sentimientos de victimismo: “no me merezco que me traten así”, “no sirvo para nada”, “no le importo a nadie”, etc., pensamientos ansiosos: “me van a despedir”, “me va a dejar”, y pensamientos depresivos: “mi vida no vale nada.

El pensamiento excesivo resulta nocivo porque afecta a nuestra capacidad para obtener respuestas y soluciones a nuestros problemas. Produce una desmotivación y genera nuevos problemas, nos bloquea y puede llegar a arruinar nuestra salud física y emocional.

¿CÓMO LIBERARME DEL HÁBITO DE PENSAR DEMASIADO?

1. Comprende que el pensamiento excesivo es tu enemigo. El primer paso hacia la liberación consiste en romper ataduras. Observa tus pensamientos y aprende a detectar cuando empiezan a rumiarse de una manera inútil y cansina. El pensamiento excesivo, repetitivo y absorbente te hace perder el control de tus pensamientos y en consecuencia de tus emociones.

2. Tómate un respiro. Respira profundamente y dedícate a otra cosa. Cambia de actividad o inicia una actividad que te distraiga y te resulte agradable: sal a pasear, haz deporte, llama por teléfono a algún amigo y deja que te de conversación (no le cuentes tu “rollo”).

3. Se firme. Presta  atención y proponte para el pensamiento de una manera contundente y asertiva. En cuanto detectes este pensamiento circular y corrosivo muestra tu autoridad de una manera contundente, como lo harías con un niño pequeño. Puedes decirte, “Basta ya!” o ¡Para! en voz alta, o dar una palmada seca mientras mentalmente te dices ¡Para ya!.

4. Anótalo en tu agenda. Cuando observes que tu pensamiento es circular, inútil y agotador, o simplemente no es el momento para dedicarte a ello, haz un hueco en tu agenda para tratarlo en el momento oportuno y en las condiciones adecuadas. Sería algo así como decirte: ahora no tengo tiempo para dedicarme a pensar esto, lo haré cuando llegue a casa esta tarde. No se trata de ignorar o evadir los problemas, sino de afrontarlos de una manera eficaz y en las mejores circunstancias. Eso si, si al llegar a casa el pensamiento se vuelve excesivo: páralo, volviendo al punto 1.

5. Delega tus preocupaciones. Si no depende de ti, hazte a un lado y dejas los problemas en manos de quien dependa.

6. Escribe un diario. Anotar tus pensamientos te ayuda a organizarlos y sobretodo a comprender más tarde tus errores de planteamiento, tus tendencias nocivas y tus miedos.Y por último…descubre lo que te gusta y úsalo para cargarte de energía y alimentar tu autoestima. Busca actividades que te proporcionen emociones positivas y ¡HAZLAS TODAS LAS VECES QUE QUIERAS!

 
 
 

Los 3 errores que cometes al ser empático 

La empatía es uno de los ingredientes importantes de la inteligencia emocional. Este tipo de inteligencia no solemos medirla pero sabemos que las personas con más inteligencia emocional son las que tendrán más exito en su vida laboral, en sus relaciones personales y en su grado de bienestar y felicidad así que vale la pena potenciarla.
Empatía: las 4 preguntas que debes hacer

Si te hablo de empatía seguro que piensas en ponerte en el lugar del otro y este otro puede ser tu pareja, tus hijos, tu jefe, tus compañeros de trabajo, vecinos…pero es un concepto un poco más amplio porque incluye:

* Comprender tanto las limitaciones como los puntos fuertes del otro

* Conocer lo que le motiva y lo que le desagrada

* Captar e interpretar su comunicación no verbal y su tono emocional

* Saber cómo despertarle actitudes positivas

* Escucharle y saber transmitirle que estamos escuchando.

Casi nada ¿verdad?…y es que no se trata de ser empáticos solamente cuando los demás lo están pasando mal sino también cuando están contentos y felices, cuando tienen miedo, cuando están enfadados, etc. 

Lo que suele fallar cuando intentas poner en marcha la empatía

Te voy a contar lo que suelo observar que falla cuando intentas poner en marcha la empatía y no lo consigues:

* Estás pensando en lo que harías tú en la misma situación y en lugar de escuchar para entender, empiezas a hablar de ti o de algo parecido que te pasó.

* Crees que lo que te están contado se tiene que solucionar así que empiezas a dar ideas sobre cómo resolver la situación.

* Estás escuchando y te sientes atacadx por cómo se siente la persona que tienes delante así que empiezas a justificarte, a defenderte y si te afecta mucho puedes incluso llegar a atacar.

Ten en cuenta que la medida de tu empatía no está en lo que tú crees que haces, sino en lo que siente la persona con la que estás hablando; así que anímate a preguntar  ¿crees que te estoy entendiendo?

El mapa de empatía con las 4 preguntas clave

Este mapa que te muestro fue diseñado por Xplane y me parece perfectamente útil como fuente de inspiración para mejorar tu empatía con las personas que más te importan. Fíjate en las 4 preguntas clave: ¿qué piensa y siente?, ¿qué oye?, ¿qué ve? y ¿qué dice o hace?. Y fíjate también en algunas respuestas que pueden servir:

* ¿Qué piensa y siente?: “quiero estar bien”, “esto me da miedo”, “no me gusta que me trates así”…

* ¿Qué ve?: “los demás no se lo toman como yo”, “creo que no me entiendes”, “no me estás ni mirando”

* ¿Qué oye?: “no me estás escuchando”, “me gusta cuando me hablas con afecto”, “me ayuda que me llames para saber cómo estoy”

* ¿Qué dice y qué hace?: “se sienta en un rincón sin ganas de hablar”, “tiene los ojos llorosos”, “sonríe sin parar

Además hay dos factores extra que encuentras en la parte de abajo del esquema que también te pueden servir:

* Esfuerzos; que incluye sus miedos, sus frustraciones y los obstáculos que se puede estar encontrando.

* Resultados; que incluye sus desos y necesidades y cómo va a valorar si están o no cubiertos.

Si realmente te preocupa entender a la persona que tienes delante, el esfuerzo vale la pena pero ya ves que te puede llevar tiempo. De todas formas, además de hacerte estas preguntas lo ideal es que abras bien tus orejas y que le hagas todas las preguntas a la persona a la que intentas entender. ¿Estás dispuesto a intentarlo? ¡adelante! 

¿Quieres cambiar? ¿Quieres?

HOYSi es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás.

Identificar y reconocer que hábitos me están perjudicando es esencial para empezar a cambiar. La mejor manera de darte cuenta de qué hábitos son los que quieres cambiar, es escribiéndolos en un papel, es la mejor forma de que no los olvides, y de paso, se lo ponemos más difícil a nuestro inconsciente (ya hemos hablado de las “malas pasadas” que nos juega nuestro amigo); además, tenerlos escritos, nos servirá para visualizar mejor los cambios fuera de nuestra cabeza.

Mis malos hábitos

Tómate unos días, yo te recomiendo una semana,  para ir escribiendo aquellos comportamientos y/o actitudes que tú consideres que quieres cambiar. Es mucho más efectivo sustituir un comportamiento que eliminar un comportamiento. Es decir, el cerebro está más preparado para la sustitución que para la eliminación. Así que lo que haremos será una lista con los “malos hábitos” y los sustituiremos por “buenos hábitos”.

Coge tu lista de malos hábitos terminada, y vamos a transformar los comportamientos que hemos decidido que no nos gustan en frases en forma de propósito. Escribiremos lo que queremos lograr en tiempo presente. De esta manera tomaremos acción en presente. Mañana es futuro y el futuro es incierto; sin embargo, hoy es presente, y tenemos el control total para actuar. A continuación os dejo un ejemplo del comportamiento que quiero cambiar. En primer lugar coloco el mal hábito, a continuación mi meta.

                    Bebo mucha cerveza y poco agua — Hoy me voy a beber 2 litros de agua

Sigue el ejemplo y transforma tu “ Lista de Malos Hábitos” en tu “ Lista de Metas”.

Mis metas

Puede que nos encontremos con una lista de metas interminable. No seamos ambiciosos, ni impacientes. Vayamos paso a paso. Vamos a dividir nuestra lista en listas más pequeñas. Podemos hacerlo por temática (salud, alimentación, deporte, idiomas, etc.), como resultado tendremos dos o tres listas e iremos introduciendo los cambios de una en una, primero trabajaremos con la primera, cuando estas metas estén alcanzadas, iremos a por la segunda lista. Cuando nuestras metas son específicas es más fácil lograr el objetivo. Por eso yo marqué en mi propósito la cantidad especifica de agua que beberé (2 litros) en lugar de limitarme a escribir “beberé MÁS agua”. Revisaremos pues, nuestra lista de hábitos para asegurarnos de que estamos cumpliendo bien los pasos:

  1. Escribe los comportamientos que quieres cambiar
  2. Transfórmalos en propósitos, en metas
  3. Divide la lista en listas más pequeñas
  4. Se lo más especifico que puedas con la acción a llevar a cabo (lugar, hora, etc.)

Mi Plan de Acción

De poco sirve tener una lista de metas, si no diseño la manera de llevarla a cabo. Necesitamos un plan de acción. Por ejemplo.

  • Meta: beber 2 litros de agua al día
  • Plan de Acción: tener una botella en mi escritorio de trabajo
  • Meta: cenar 3 veces por semana pescado
  • Plan de Acción: hacer la compra el fin de semana y planificar el menú

Y para que nuestro Inconsciente no nos juegue malas pasadas, enredando para que se nos “olviden” nuestras metas; es aconsejable crear Recordatorios. Podemos hacerlo añadiendo alertas en el móvil, colocando Post- It en el espejo del baño, en la puerta de la nevera…como queramos… lo importante es que nos funcione el recordatorio ¡es increíble como nuestra mente a veces nos boicotea!

Para incorporar un hábito a nuestra vida es necesario repetir el comportamiento hasta que se vuelve automático. Y para eso se requiere constancia, y para saber si somos constantes y no autoengañarnos, lo mejor es llevar un registro.

¿Cómo registrarlo?

Coge una hoja de papel y pon tus metas en columnas y los días del mes en filas. Colócala en un lugar visible y accesible porque cada día anotaremos si cumplimos o no las metas. Si cumplimos pondremos un Visto en la celda correspondiente; y si no cumplimos, pondremos una Cruz. Cuando no cumplamos es importante incluir el motivo que te impidió cumplir la meta ese día. Al final del mes tendrás una “fotografía” del avance que has logrado a diario.

¡Celebra tus avances!

Cuando logres realizar correctamente tu acción diaria, dedícate inmediatamente después, un aplauso, una sonrisa o unas bonitas palabras a ti mismo. Esto aumenta la confianza en nosotros mismos y mantiene la motivación para seguir siendo constante.

                                           ¿Ya sabes qué hábitos vas a cambiar hoy?

 

TRES MENTES EN UNA

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¿Sabías que dentro de tu mente se graba lo que has visto, oído, hecho y sentido a lo largo de toda tu vida?
Esa información entra en tu consciente y a medida que va pasando el tiempo va pasando del consciente, al  subconsciente y al final acaba en tu inconsciente.

Existen tres niveles de la mente:

La Mente Consciente: Es aquella parte de la mente que se encarga de percibir la realidad de la que nos damos cuenta y que podemos describir sin esfuerzo. Es la mente lógica, racional y proactiva. Es decir la que nos lleva a solucionar problemas, a tomar decisiones, a resolver conflictos de tipo lógico. Es la que nos hace “creer” que tenemos el control.

La Mente Subconsciente : Conoce las cosas que has sabido y que temporalmente has olvidado ya en tu consciente. Con un poco de esfuerzo puedes volver a recordar y traerlas al campo de lo consciente. Es la mente que guía al corazón; es decir la mente emocional, afectiva y sentimental. Al ser ilimitada tiene acceso a todas nuestras memorias y experiencias pasadas. El objetivo de esta mente es controlar todo aquello que no entendemos. En nuestro comportamiento existen “patrones” que desconocemos o que incomprendemos. Puede que a veces actuemos de forma que no hubiésemos imaginado nunca, incluso, puede que en ocasiones ni nosotros mismos nos entendamos…esto se debe a que nuestra mente subconsciente está actuando por nosotros mismos tomando el control de la mente consciente. Un ejemplo muy claro de cómo actúa esta mente, es en las compras compulsivas. Esta mente nos dice que aquello que nos están vendiendo lo necesitamos, incluso cuando no lo necesitamos; incluso cuando conscientemente y racionalmente podemos decir que es algo que no necesitamos y que no es algo que debamos comprar.

La Mente Inconsciente : Es la sección mental más grande (6/7 partes de la mente) y oculta de la mente donde reposan innumerables experiencias que hemos vivido desde la niñez y que son casi imposibles de recordar. Están presentes en forma de impulsos, impresiones, pensamientos incontrolados y recuerdos reprimidos: activos e impulsivos. Es el nivel más profundo de la mente. Los científicos lo han denominado cerebro reptiliano. Es una mente que busca básicamente dos cosas: alejarse del peligro y acercarnos la placer. Busca protegernos de un “peligro aparente” que pueda atentar contra nuestra vida o nuestra integridad.

Algunos científicos no diferencias entre mente subconsciente y mente inconsciente, para ellos es lo mismo, salvo que con diferente nivel de profundidad.

La mente subconsciente es muy simbólica y metafórica. Los síntomas o manifestaciones externas como enfermedades, adicciones, conductas destructivas o de cualquier otro tipo se ven como metáforas simbólicas de la experiencia interna de una persona y se presentan como soluciones inconscientes a los conflictos internos. Por ejemplo, a veces decimos que queremos lograr algo, y estamos haciendo todo lo contrario, perdemos la motivación, y no nos levantamos día a día con ganas de hacer eso que tanto queremos. Cuando esto sucede, cuando una persona le gustaría hacer una cosa y por una razón u otra nunca puede hacerla ya que no puede dejar de hacer otra, indicaría que hay un conflicto entre la mente consciente y una parte de la mente subconsciente. Es decir, en lo más profundo de mi mente inconsciente, eso que queremos lograr nos produce cierto dolor, o cierto peligro “aparente” o al menos es así como lo percibe nuestra mente inconsciente y para evitar que se de ese peligro en el FUTURO, evitamos actuar en el PRESENTE.

Este conflicto nos crea ansiedad que cada vez se intensifica hasta que la mente subconsciente emplea una solución como mecanismos de defensa para que tú puedas seguir con normalidad pero en verdad el conflicto no está resuelto, sino que está enmascarado.

Una forma de llevar la cuenta de aquellas cosas subconscientes que nos mantienen estancados, es llevar un diario de todo lo que hacemos y pensamos con respecto a un tema concreto. Eso hará que tomemos consciencia, es decir, que podamos hacer consciente aquello que para nosotros en algunos momentos se vuelve inconsciente o subconsciente y así poderlo arreglar, ya que seguramente existirá una incoherencia o un conflicto interno.

¡Lograr el control de nuestras tres mentes nos permite llegar mucho más lejos!