¿QUIERES SABER CUÁL ES TU IDENTIDAD? Te ayudo a descubrirla

IMG_4792

Tener clara tu identidad personal, es my importante, será la que te dará dirección, propósito y significado a tu vida. El primer paso en la definición de tu identidad es conocer los valores sobre los que te sustentas, la base de todo lo que para ti es importante.

A veces en nuestra vida, sentimos un malestar íntimo y profundo y no sabemos muy bien porqué. A mi me ha pasado; y al trabajarlo averigüé que se debía a que estaba traicionando la esencia de mi “ser”,  de mi persona; es decir estaba traicionando mis valores intrínsecos. Valores que pueden ser diferentes en cada uno de nosotros. Por ejemplo, casi todo el mundo al divorciarse lo pasa muy mal, pero si te fijas, hay personas que sufren mucho más que otras y que tardan mucho más en superarlo. Una de las razones para que esto suceda puede ser, que a un nivel subconsciente, la familia sea de los valores principales para esa persona.

LA RUEDA DE LOS VALORES

Trabajar la rueda de valores te puede ayudar a descubrir los tuyos y a revisar si estás viviendo acorde a ellos, porque estos pueden ir cambiando a lo largo de nuestra vida. Por ejemplo, el valor del “dinero” nunca fue prioritario para una de mis pacientes, pero desde que nació su hija si lo es. Esto hizo que sus prioridades cambiaran y con ello, cambiaron también sus valores. Los valores cambian con la vida, y eso lleva a que aparezcan nuevas conductas, a que nos comportemos de otra manera y a veces esos cambios generan un conflicto interno. Ser consciente de tus valores te ayuda a ver las cosas de otra manera, a comprenderte mejor y eso conduce a la armonía, al bienestar.

Os voy a proponer una tarea divertida que sirve para reconciliarte con uno mismo: hacer una tabla de valores. Vamos a ello.

Os doy esta lista de valores y sin pensarlo mucho, elegid 20 que para vosotros sean prioritarios en este momento de vuestra vida.

FullSizeRender

Después, cuando tengáis esta lista de 20, entre ellos, escoged 10. Miradlos bien.

Por último, a un nivel intuitivo, coged 3.

Los valores de las listas de 20 y de 10 son aquellos que pueden cambiar a los largo de nuestra vida. Por otro lado, estos últimos tres, son valores intrínsecos en nuestro ser, valores que no deberíamos traicionar.

Mis tres valores fundamentales son: sabiduría, siempre tengo que estar aprendiendo algo nuevo, bienestar, es algo que necesito y honestidad, algo fundamental para mi.

Este ejercicio podéis ir haciéndolo cada seis meses o un año para que veáis como va cambiando. Lo importante es que tengáis en cuenta que es fundamental reconocer nuestros valores, teniendo muy presente la idea de que cambian a lo largo de los años dependiendo de nuestras circunstancias.

Es muy importante saber si estáis viviendo acorde a vuestros valores o , por el contrario, si estáis viviendo en conflicto. Para averiguarlo puedes hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿Me encaminan mis comportamientos hacia el cumplimiento de mis valores?
  • ¿Qué acciones podría llevar a cabo esta semana para potenciarlos?

Os animo a que estéis alineados con vuestro valores y si hay un valor que os causa conflicto es importante ser asertivo contigo mismo y ser capaz de comunicarlo para poder resolverlo.

 

¿Te crees todo lo que piensas?

 

cerebro

No te creas todo lo que piensas.

A veces somos capaces de hacer con nuestros pensamientos una gran y demoledora madeja de lana autodestructiva.

Cada uno percibe la vida de una manera distinta. La realidad no nos llega a todos por igual, puesto que cada quien la percibe, la interpreta y codifica según sus esquemas, creencias y valores. Este ejercicio de necesitar explicarnos lo que vivimos, lo que nos pasa, es constante; tanto, que no siempre nos damos cuenta de lo que estamos pensando. Es entonces cuando hablamos de pensamientos automáticos.

Cuando algo nos molesta, nos hace daño o nos sorprende, sentimos enfado, tristeza o sorpresa. Es decir, lo primero que identificamos es la emoción. Nos sentimos mal y no sabemos por qué; pero detrás de ese sentimiento hay un pensamiento negativo que se ha desencadenado automáticamente y del que a veces no nos percatamos.

Los pensamientos negativos automáticos pueden ser breves y tener este formato:

-Reconstrucción de un suceso pasado (rebobinar)

-Creación ficticia (y si hubiera hecho o dicho)

-Adivinación en negativo (anticipar el futuro)

-Exigencia culpabilizadora (habría que…, tendría que…)

Los damos por válidos sin cuestionarlos. Y no es así. Un trabajo continuado para traerlos al plano de la consciencia puede ayudarnos a analizarlos desde la lógica y comprobar si te llevan a conclusiones exageradas.

Estos pensamientos llevan tanto tiempo contigo y les concedes tanta verosimilitud que se te “cuelan” en tu diálogo interior como una voz en off permanentemente, machacándote sin piedad lentamente.

Así que…ya sabes, no te creas todo lo que piensas y aprende a cuestionarte tus propios pensamientos.

 

¿Qué se esconde detrás de la necesidad de control?

thumb_img_3538_1024

 

La necesidad de control es la respuesta a nuestros miedos. A mayor miedo, mayor necesidad de control.

Detrás de la aparente sensación de fortaleza que existe en una persona que siempre tiene el control de todo; subyace una gran debilidad y vulnerabilidad a de dejar que la vida fluya con naturalidad. La verdadera clave de la felicidad consiste en vivir al compás de la vida y no en pretender que suceda lo que uno “cree que es lo mejor”.

La persona que necesita sentir que tiene el control como garantía de felicidad, se convierte en una persona controladora y teme que las situaciones se le escapen de las manos; de ahí que tenga poca capacidad de improvisación y de espontaneidad. Pero además, bajo el rol de tener el control de todo, vive como si los demás dependieran de él. En realidad, cada ser humano es responsable de sí mismo y de sus acciones.

Cuando las personas pretenden controlar lo incontrolable, caen victimas de un proceso antinatural. Existen diferentes formas de control, negativas y dañinas para la autoestima propia y ajena, como son la coacción, la manipulación, el chantaje emocional o la crítica negativa constante.

La persona controladora cree que sabe lo que le conviene a la gente de alrededor, “porque la conocen muy bien”. Por muy bien que conozcamos a las personas, son ellos mismos los dueños de su vida, y son ellos los que toman las decisiones de lo que creen conveniente o no, sobre lo que quieren y les apetece.

¿Qué es lo que más temes en tu vida?

Es lógico sentir miedo, temer a algo o a alguien. Nuestro cerebro está programado para hacer saltar la alarma de miedo ante una amenaza; lo que no es tan lógico, es sentir temor de forma constante.

Cuando sentimos que los problemas que se nos plantean en el día a día, ya sean reales o fruto de nuestro miedo, son más grandes que las herramientas y recursos que tenemos para hacerlos frente, nuestro nivel de sufrimiento aumenta considerablemente. Uno de los mecanismos de defensa que tenemos para que eso no suceda es tratar de controlar el entorno para que no aparezcan los problemas, o para que, si aparecen, sepamos o creamos saber manejarlos y solucionarlos.

Llevar a cabo un trabajo personal para reforzar la autoestima y el autoconcepto, sabiéndonos capaces de hacer frente a las adversidades que se puedan presentar, puede ayudarnos a no tener esa necesidad de controlar constantemente todo y a todos y vivir de un modo más relajado y sosegado

¿Qué pasa si nos falta esa capacidad de gestión ?

Lo que nos va a pasar es que al vernos sobrepasados por los acontecimientos, se va activar la lucecita de alarma en el cerebro y para mitigar el miedo y el sufrimiento que nos provoca la sensación de pérdida de control de la situación, vamos a activar nuestros mecanismos de defensa y haremos todo lo posible por volver a recuperar esa sensación de control. Es un círculo vicioso. Sólo me encuentro bien cuando “creo tener el control”.

Algunas personas no están preparadas para vivir con cierto nivel de incertidumbre.

¿Acaso crees qué puedes controlar todo tu entorno? ¿a las personas? ¿a sus pensamientos? ¿el futuro? ¿el amor?  ¿el trabajo? ¿a tus hijos?

Piensa por un instante en aquello a lo que más temes…

Quizás lo que más temes sea que te abandonen, al sufrimiento, a la enfermedad, a la muerte, a la vejez, a la pobreza, a la soledad…posiblemente temas a más de una cosa. Anótalas y hazte esta pregunta: ¿Ejerzo más control sobre aquello que más temo? ¿me preocupo y controlo más a aquellas cosas que más temo perder?

Si con la reflexión anterior no tienes suficiente, quizás te ayude responder a estas preguntas:

  • ¿Eres consciente de que controlas?
  • ¿Anticipas con frecuencia lo que puede suceder?
  • ¿Acostumbras a decir lo que se tiene que hacer?
  • ¿Te disgusta hacer lo que proponen los otros?
  • ¿Te enfadas a menudo, cuando las personas no hacen lo que tú crees que deben hacer?

Detrás de cada conducta orientada a controlar existen creencias y valores que las sostienen, por tanto, no es sólo importante darse cuenta de cómo controlas y sobre qué controlas, sino que deberías interesarte acerca de las creencias consolidadas a lo largo de tu vida y que se relacionan con la necesidad de controlar.

 

 

¿Eres una persona evitativa?

evitativa

 

Desear tener relaciones sociales con normalidad, y no poder por temor a defraudar y a las críticas, por mínimas que sean, puede ser un síntoma del trastorno de personalidad por evitación.

El término de “trastorno de personalidad por evitación” es original del DSM-III. Antes de la aparición del DSM-I, se utilizaba el termino de “complejo de inferioridad” de Alfred Adler.

El trastorno de personalidad por evitación se caracteriza por un patrón general de inhibición social, sentimientos de inferioridad y una hipersensibilidad a la evaluación negativa. Este trastorno, parece darse por igual en varones y en mujeres.

La personalidad evitativa, puede no llegar a ser patológica pero puede estar asociada a elevados niveles de ansiedad.

Este tipo de problemas se desarrollan cuando, desde la infancia, hemos tenido a nuestro lado una persona importante en nuestra vida, haciéndonos sentir inútiles y estúpidos (muchas veces sin querer). Es el caldo de cultivo perfecto para formar una personalidad adulta insegura y temerosa. Si desde pequeños, alguien de nuestra entera confianza, nos hace creer que siempre nos equivocamos, todo lo hacemos mal o que las personas que nos encontraremos a lo largo de nuestra vida se darán cuenta de lo torpe que somos y nos abandonarán, la inseguridad se convertirá en nuestra fiel compañera. Lo que provocará que nos aislemos para evitar el miedo al rechazo, por mucho que deseemos el contacto con los demás, el terror a decepcionarlos será mayor. No es necesario padecer el trastorno de personalidad por evitación para desarrollar características relacionadas con éste.

¿Que actitudes desarrolla quién padece este trastorno?

  • Autocrítica feroz, tiene pensamientos autodenigrantes. Hace predicciones negativas tipo “no voy a gustar a nadie”, “me criticarán”… poseen una autoestima muy baja.
  • Cuando establecen una relación cercana con alguien no son asertivos y evitan la confrontación para no desagradar.
  • Evalúan incorrectamente las reacciones de los demás, están pendientes de cualquier gesto o palabra que se diga sobre ellos, su opinión sobre sí mismo la basan en las opiniones de los demás. Cuando las críticas son negativas creen merecérselas siempre, cuando son positivas no siempre las creen, y si son neutras las transforman en malas.
  • Evitación social y de cualquier pensamiento o actividad que les pueda producir incomodidad. Lo hacen de manera automática, convirtiendo así, la evitación, en un hábito que reduce el malestar a corto plazo. No son conscientes de estar evitando la ansiedad y se consideran perezosos o tontos por no enfrentarse a dichas situaciones.
  • Se sienten culpables por tener ansiedad. Generalmente saben que tienen que hacer para mejorar sus vidas, pero se ponen excusas para no llevar a cabo esas mejoras, ya que le parece que las emociones negativas que sentirán es un precio demasiado alto. Se creen incapaces de conseguir sus objetivos y tienden a la procrastinación. Se sienten incómodos consigo mismos.
  • Fantasean sobre su futuro, creen que un día todo cambiará sin tener que hacer el más mínimo esfuerzo ni sufrir.
  • Dificultad para tener relaciones íntimas, románticas y sexuales.

¿Qué terapia es efectiva para las personas con trastorno de la personalidad por evitación?

Es muy importante, durante la terapia, cambiar la idea de que son unos vagos o perezosos, y que comprendan que el hecho de que eviten hacer ciertas cosas o enfrentarse a diversas situaciones, se debe al malestar emocional que les produce tan si quiera pensarlo, y por ello lo posponen. Ayudarle a descubrir cómo funciona el circuito de la ansiedad y hacerles entender que, poco a poco, será necesario exponerse a lo temido, tener el compromiso de sentir la ansiedad que les producirá y aplicar las técnicas necesarias para conseguir gestionar ese malestar.

El enfrentamiento cara a cara con aquello que les ha estado acobardando durante gran parte de su vida será una gran victoria para ellos. 

¿Qué pasa cuando la comida es un refugio?

Eating Addiction

Cada vez hay más evidencias de la estrecha relación que existe entre el sobrepeso, ciertos factores psicológicos, las emociones, la motivación o incluso el comportamiento adictivo.

El factor emocional parece explicar la mayor parte de los fracasos a largo plazo en los programas de perdida de peso.

Comemos para mucho más que para cubrir nuestras necesidades fisiológicas. Comemos para olvidar, para celebrar, para compartir, para mitigar o eliminar emociones desagradables y/o para recompensarnos. Comiendo disfrazamos nuestro problema real.

El primer placer que tenemos en la vida es comer. A los pocos minutos de nacer, nos enganchan al pecho de muestra madre, sintiendo inmediatamente calor y protección. Desde ese momento y para toda la vida, la alimentación representará una sensación de bienestar. Esto nos ayuda a entender por qué cuando estamos tristes, ansiosos o enfadados, lo primero que hacemos es buscar algo rico que llevarnos a la boca, buscamos el “alimento confort”; pues tenemos el recuerdo inconsciente de la infancia, cuando la comida estaba íntimamente asociada al amor, a la sensación de estar bien cuidados, de sentirnos queridos. Por eso cuando nos sentimos heridos, vulnerables o inferiores…comemos…creyendo erróneamente poder recuperar esa sensación de protección total. La cuestión es que este mecanismo ya no funciona en la edad adulta: COMER no nos protege porque ahora nuestras necesidades son más complejas.

¿Por qué no funcionan las dietas?

La mayoría de las dietas no funcionan porque la acción de comer sin control y el peso, son los síntomas, y no el problema.

El hecho de centrarse en la comida es una forma de no prestar atención a los verdaderas razones que provocan el impulso irrefrenable de comer. Estas razones son mucho más complejas que la falta de fuerza de voluntad o la disciplina para cumplir con una dieta de adelgazamiento. Los motivos por lo que a veces comemos tienen que ver con la falta de cuidado, de confianza, de amor que sentimos. Tienen que ver con los abusos sufridos, la cólera no expresada, el dolor, la soledad y el hecho de sentirse o haberse sentido poco querido. Algunas de las personas que personas se refugian en la comida es porque se sienten agredidos y la solución para superarlo no es una dieta; si no una terapia psicológica.

Ayuda y tratamiento

Un terapeuta puede ayudarte a dejar de recurrir a los alimentos siempre que aparece un cambio, una dificultad o una emoción desagradable.

¿Quieres aprender a tener una mejor relación con los alimentos?

 

 

 

TRES MENTES EN UNA

cerebromentes.gif

¿Sabías que dentro de tu mente se graba lo que has visto, oído, hecho y sentido a lo largo de toda tu vida?
Esa información entra en tu consciente y a medida que va pasando el tiempo va pasando del consciente, al  subconsciente y al final acaba en tu inconsciente.

Existen tres niveles de la mente:

La Mente Consciente: Es aquella parte de la mente que se encarga de percibir la realidad de la que nos damos cuenta y que podemos describir sin esfuerzo. Es la mente lógica, racional y proactiva. Es decir la que nos lleva a solucionar problemas, a tomar decisiones, a resolver conflictos de tipo lógico. Es la que nos hace “creer” que tenemos el control.

La Mente Subconsciente : Conoce las cosas que has sabido y que temporalmente has olvidado ya en tu consciente. Con un poco de esfuerzo puedes volver a recordar y traerlas al campo de lo consciente. Es la mente que guía al corazón; es decir la mente emocional, afectiva y sentimental. Al ser ilimitada tiene acceso a todas nuestras memorias y experiencias pasadas. El objetivo de esta mente es controlar todo aquello que no entendemos. En nuestro comportamiento existen “patrones” que desconocemos o que incomprendemos. Puede que a veces actuemos de forma que no hubiésemos imaginado nunca, incluso, puede que en ocasiones ni nosotros mismos nos entendamos…esto se debe a que nuestra mente subconsciente está actuando por nosotros mismos tomando el control de la mente consciente. Un ejemplo muy claro de cómo actúa esta mente, es en las compras compulsivas. Esta mente nos dice que aquello que nos están vendiendo lo necesitamos, incluso cuando no lo necesitamos; incluso cuando conscientemente y racionalmente podemos decir que es algo que no necesitamos y que no es algo que debamos comprar.

La Mente Inconsciente : Es la sección mental más grande (6/7 partes de la mente) y oculta de la mente donde reposan innumerables experiencias que hemos vivido desde la niñez y que son casi imposibles de recordar. Están presentes en forma de impulsos, impresiones, pensamientos incontrolados y recuerdos reprimidos: activos e impulsivos. Es el nivel más profundo de la mente. Los científicos lo han denominado cerebro reptiliano. Es una mente que busca básicamente dos cosas: alejarse del peligro y acercarnos la placer. Busca protegernos de un “peligro aparente” que pueda atentar contra nuestra vida o nuestra integridad.

Algunos científicos no diferencias entre mente subconsciente y mente inconsciente, para ellos es lo mismo, salvo que con diferente nivel de profundidad.

La mente subconsciente es muy simbólica y metafórica. Los síntomas o manifestaciones externas como enfermedades, adicciones, conductas destructivas o de cualquier otro tipo se ven como metáforas simbólicas de la experiencia interna de una persona y se presentan como soluciones inconscientes a los conflictos internos. Por ejemplo, a veces decimos que queremos lograr algo, y estamos haciendo todo lo contrario, perdemos la motivación, y no nos levantamos día a día con ganas de hacer eso que tanto queremos. Cuando esto sucede, cuando una persona le gustaría hacer una cosa y por una razón u otra nunca puede hacerla ya que no puede dejar de hacer otra, indicaría que hay un conflicto entre la mente consciente y una parte de la mente subconsciente. Es decir, en lo más profundo de mi mente inconsciente, eso que queremos lograr nos produce cierto dolor, o cierto peligro “aparente” o al menos es así como lo percibe nuestra mente inconsciente y para evitar que se de ese peligro en el FUTURO, evitamos actuar en el PRESENTE.

Este conflicto nos crea ansiedad que cada vez se intensifica hasta que la mente subconsciente emplea una solución como mecanismos de defensa para que tú puedas seguir con normalidad pero en verdad el conflicto no está resuelto, sino que está enmascarado.

Una forma de llevar la cuenta de aquellas cosas subconscientes que nos mantienen estancados, es llevar un diario de todo lo que hacemos y pensamos con respecto a un tema concreto. Eso hará que tomemos consciencia, es decir, que podamos hacer consciente aquello que para nosotros en algunos momentos se vuelve inconsciente o subconsciente y así poderlo arreglar, ya que seguramente existirá una incoherencia o un conflicto interno.

¡Lograr el control de nuestras tres mentes nos permite llegar mucho más lejos!

Mi ansiedad:mi monstruo

90eb3972db82bea687bd4965d15c7d94

La ansiedad es un monstruo que se alimenta de nuestra adrenalina.
En realidad, la ansiedad es un monstruo que vive y se alimenta de adrenalina. Cuando algo nos avisa de que hay un peligro, como cuando bajamos por una escalera mucho más empinada de lo que esperábamos, realizamos una descarga automática de adrenalina y el monstruo de la adrenalina que estaba dormido se despierta y hace que de forma automática nos agarremos a la barandilla y así nos ayuda a no caernos. Nos damos cuenta de que tenemos el monstruo dentro y que se ha quedado, porque mientras digerimos la adrenalina todavía le queda alimento para vivir y seguimos sintiendo ansiedad.

El cuerpo recupera su nivel normal de adrenalina y el monstruo hiberna cuando pasa un tiempo sin que veamos un nuevo peligro.

¿Pero qué pasa cuando es el propio monstruo el que nos da miedo?
Cuando es el propio monstruo el que nos da miedo y luchamos para echarlo del cuerpo, para que desaparezca de inmediato, la lucha nos lleva a hacer otra descarga de adrenalina. El monstruo, encantado porque tiene más alimento, crece y se hace más amenazador, nos dice cosas terribles como eres un inútil, no haces más que ir de fracaso en fracaso, mírate, eres incapaz de conseguir que alguien te quiera, y toda una interminable lista de improperios dañinos… El truco está en aceptar al monstruo en nuestro cuerpo y no hacer nada para que se vaya, la clave está en no luchar, entonces dejaremos de darle alimento y el monstruo hibernará de nuevo.

¿Son mis sensaciones fiables?
Si toco el ordenador en el que estoy escribiendo, lo siento y tengo el total convencimiento de que existe y es real. Nuestras sensaciones son el criterio más fiable que tenemos de la realidad. Podemos extrapolar el criterio a nuestras sensaciones internas. Si tengo una sensación de que me voy a morir o voy a perder el control o me voy a volver loco o…, puedo llegar a la misma conclusión: es real y totalmente cierto que va a ocurrir porque lo siento. Si, además, me comporto como si fuera totalmente real, puedo generarme un problema importante.

Había un leñador que vivía con su mujer. Un día frío de invierno se levantó y le comentó a su esposa que había pensado que estaba muriéndose, que sentía que ese día iba a morir y que no podía saber si era verdad o no. La mujer le contestó: “¿Tienes las manos calientes? ¿Y la cabeza también? Déjate, pues, de rollos y vete a trabajar”. El leñador salió a su trabajo y, según iba llegando se dio cuenta de que sus manos estaban frías. “Estoy muriéndome”, pensó y sintió. “Entonces no puedo trabajar”. Se sentó a esperar y notó que su cabeza también estaba fría. Según pasaba el tiempo se sentía más frío y sentía más cerca su muerte. “Es cierto que me estoy muriendo y siento que no tengo ganas de hacer nada” y con el frío, cada vez tenía menos ganas de moverse, por eso se quedó muy quieto sentado.
Al cabo de un rato aparecieron unos lobos que se acercaron a él. El leñador pensaba: “como estoy casi muerto, no puedo hacer nada” y se quedó quieto. Los lobos finalmente le atacaron y, efectivamente, murió.

El problema no es tener la sensación de que vamos a morirnos, sino comportarnos como si fuera totalmente cierto porque, como el leñador del cuento, acabaremos lográndolo.
Como consecuencia de la metáfora del monstruo de la adrenalina podemos concluir que en nuestro cuerpo tenemos dos mandos de control. En el mando 1 pone “Control de nuestros pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones”; en el mando 2, “Compromiso con nuestros valores y objetivos”. Si manejamos el mando 1, lo único que conseguimos es aumentar nuestro sufrimiento. Cuando manejamos el mando 2, podemos alcanzar nuestros objetivos y además puede disminuir nuestro dolor.